Ruby no es una podenca más, al menos para mí. No conozco las historias de todos los perros, en gran parte porque ya estaban en el refugio cuando yo llegué, pero voy conociendo las historias de unos tantos nuevos que van entrando, y he de decir que algunas son muy crueles.Ruby, cachorrita de podenco de en torno al año de edad, ya ha tenido que sufrir dos veces el abandono.
La primera vez de forma totalmente desconocida para nosotros. Ya habíamos recibido varios avisos de que una podenquita estaba vagando por la ciudad. La describían como extremadamente pequeña, aunque lo cierto es que está extremadamente delgada (ni 5 kg pesa), muy asustadiza, si bien tendrá mil razones para no fiarse de las personas, y de caminar renqueante, cuando lo que en verdad pasa es que tiene una pata herida. Había sido vista en la parte más alejada del pueblo, tanto por un lado como por otro, por pleno centro, por la estación de autobuses, por la carretera, por los caminos a las olivas, por callejones del casco antiguo, por medio de casi cualquier calle.
Y no pocas veces, tras ser consciente de la miserable situación en la que estaba el animal y recibir avisos de dónde se encontraba, movilicé a las demás voluntarias del refugio e incluso a mi madre para ir a recogerla, ya que en estos días de los que hablo yo estaba totalmente fuera de combate. El resultado de la búsqueda siempre era el mismo, o bien no podían encontrarla o bien no podían cogerla.
Cuando pude reincorporarme a las labores de la protectora, fueron hasta tres las veces que salí en busca de la pequeña Ruby, todas de forma infructuosa. Tras la última, mi madre me dijo «No te preocupes por ella, hoy me he encontrado a un hombre que la había cogido y se la llevaba atada». Esa misma tarde, en el refugio, María Teresa me dijo que iban a traer al refugio a una podenca pequeña que obedecía todas las descripciones que hasta ahora yo he dado, aunque lo realmente importante fueron las noticias de esa noche, por lo visto aquel que había cogido a Ruby estaba dispuesto a darle un hogar.
Inevitablemente me alegré mucho por la pequeña, ya era hora de que, después de estar claramente expuesta al atropello (no pocos eran los avisos de verla en la estación de autobuses), de sufrir un abandono y de estar al borde la muerte por inanición siendo tan joven, encontrara una casa en la que la quisieran. Pero ni por asomo iban a salir las cosas tan bien. Hoy, esta preciosa podenca ha sido encontrada abandonada, probablemente, por aquel que se responsabilizó de su acogida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Mejor entre todos; deja aquí cualquier opinión, sugerencia, comentario.